Perú elige entre Fujimori y Sánchez en balotaje decisivo
La República del Perú enfrenta este domingo una jornada electoral de máxima relevancia institucional. Más de 27,3 millones de peruanos están convocados a las urnas para definir entre la candidatura de Keiko Fujimori y la de Roberto Sánchez al noveno presidente en una década, en una contienda que opone dos proyectos de país antagónicos: el orden constitucional y la libre empresa, frente al populismo radical y la desestabilización institucional.
Los términos de la disyuntiva
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas inició oficialmente a las 07:00 hora local (12:00 GMT, 08:00 horas en Chile) y se extenderá por diez horas, hasta las 17:00 (22:00 GMT, 18:00 en Chile). El escrutinio, dada la estrechez esperada, podría prolongarse por varios días antes de confirmar un ganador que gobernará el quinquenio 2026-2031.
Los electores peruanos deben optar entre dos caminos claramente diferenciados. Por una parte, Keiko Fujimori, heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), representa la continuidad de un modelo que devolvió la estabilidad macroeconómica al país tras la crisis de los años ochenta, aunque su padre cumpla condena por delitos de lesa humanidad y corrupción. Por otra, Roberto Sánchez, escudero del depuesto Pedro Castillo (2021-2022), quien se encuentra en prisión por un fallido golpe de Estado a fines de 2022, encarna la reivindicación del castillismo y la promesa de liberar al exmandatario, lo que constituye un desafío directo al estado de derecho y la legalidad vigente.
Fujimorismo y orden constitucional frente a la amenaza radical
La opción fujimorista supone restaurar un modelo de gobierno que prioriza la seguridad ciudadana, la libre empresa y la atracción de inversión extranjera, principios fundamentales para la prosperidad económica del Perú. Keiko Fujimori busca alcanzar la Presidencia por cuarta vez consecutiva, tras haber sido derrotada en segunda vuelta por Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021).
La alternativa de Sánchez implica, por el contrario, la reivindicación de la figura de Pedro Castillo, un exdocente que accedió a la Presidencia apelando al descontento popular y cuyo gobierno culminó en un intento de subversión del orden constitucional. La promesa de Sánchez de liberar a Castillo constituye una señal preocupante para la institucionalidad democrática y para los mercados que confían en la estabilidad jurídica peruana.
Una contienda históricamente ajustada
La pugna entre fujimorismo y antifujimorismo ha definido la política peruana desde 1990. En las tres elecciones anteriores, la balanza favoreció levemente al antifujimorismo con márgenes estrechos: apenas 40.000 votos de diferencia en 2016 y 2021. Los comicios de esta jornada presentan un escenario similar, sin que pueda anticiparse un ganador claro.
Es menester recordar que en las dos últimas elecciones, Fujimori no aceptó los resultados y, en la más reciente frente a Castillo, denunció un supuesto fraude sin pruebas sólidas, buscando anular miles de votos para revertir el resultado. Este escenario de cuestionamiento podría repetirse tras las incidencias y polémicas registradas en la primera vuelta del 12 de abril, cuando retrasos en la apertura de colegios en Lima por falta de material electoral alimentaron denuncias infundadas de fraude por parte del ultraderechista Rafael López Aliaga, excluido de la segunda vuelta por 21.000 votos por debajo de Sánchez.
Garantías institucionales y observación internacional
Ante estos antecedentes, las instituciones peruanas han reforzado la vigilancia electoral. Las misiones de observación de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos, con más de 250 personas desplegadas en todo el territorio, ya descartaron cualquier tipo de fraude en la primera ronda, lo que constituye un respaldo fundamental a la legitimidad del proceso.
El voto en el exterior
Las votaciones también se celebran fuera del Perú, con 1,2 millones de peruanos habilitados en el extranjero. Estas sufragios pueden resultar determinantes para definir el signo de la contienda. Las mayores concentraciones de electores se encuentran en Buenos Aires (115.097), Santiago de Chile (113.887), Madrid (105.493) y Barcelona (79.606), esta última cifra especialmente relevante para la comunidad peruana residente en nuestro país.