Austria convierte la casa natal de Hitler en comisaría para impedir el culto neonazi
En una medida que combina pragmatismo institucional y memoria histórica, el gobierno austríaco ha transformado la casa natal de Adolf Hitler, ubicada en Braunau am Inn, en una comisaría de policía. La obra, que demandó una inversión de 20 millones de euros (más de 22 millones de dólares), busca desactivar el lugar como punto de peregrinaje para grupos neonazis y reafirmar el compromiso del Estado con los valores democráticos.
Una fachada que borra el pasado
El edificio del siglo XVII, donde el dictador nació el 20 de abril de 1889, ha quedado irreconocible. El tradicional revestimiento amarillo fue reemplazado por una sobria fachada blanca, y en la entrada luce ahora el emblema de la policía. Sin embargo, en la acera se ha conservado una lápida conmemorativa que reza: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos nos lo recuerdan”.
El alcalde Johannes Waidbacher declaró durante la ceremonia de inauguración, a la que asistieron un centenar de personas —entre ellas una treintena de policías uniformados—, que esta obra “muestra que la ciudad de Braunau se enfrenta a su historia y asume sus responsabilidades”. El ministro del Interior, Gerhard Karner, respaldó la iniciativa, subrayando que el nuevo uso del inmueble envía una señal inequívoca contra el nacionalsocialismo.
Contexto político y jurídico
La transformación del inmueble no estuvo exenta de controversias. La última propietaria, Gerlinde Pommer, se opuso al proyecto e impugnó la expropiación, obligando al Estado a aprobar una ley especial en 2016 para hacer prevalecer el interés general. Tres años después, la Corte Suprema austríaca validó la compra por 810.000 euros (925.000 dólares) de los 800 metros cuadrados del edificio.
Una comisión de expertos descartó tanto la demolición como la creación de un lugar simbólico, por considerar que Austria debe encarar su pasado sin borrarlo ni glorificarlo. La opción de la comisaría busca, según el Gobierno, “dejar claro que no se permitirán conmemoraciones del nacionalsocialismo”.
La sombra de la extrema derecha
La inauguración ocurre en un momento políticamente sensible. Según un sondeo del diario Kronen Zeitung, el partido FPÖ —fundado por antiguos nazis y actualmente en la oposición— obtendría un 38% de la intención de voto, frente al casi 29% de las últimas elecciones legislativas de septiembre de 2024. Este ascenso refleja una tendencia regional que preocupa a las autoridades.
No obstante, la medida ha generado escepticismo entre organizaciones de memoria histórica. Robert Eiter, del Comité Austríaco de Mauthausen —asociación de sobrevivientes del campo de concentración—, declaró a la AFP: “Esta transformación no disuadirá a ningún neonazi tentado por la peregrinación”. Eiter agregó que, sin generalizar, “lamentablemente se observa con frecuencia que una parte de la policía se inclina muy, muy hacia la derecha”.
Un debate abierto sobre la memoria
La decisión de convertir la casa natal de Hitler en una comisaría no cierra el debate sobre cómo gestionar los símbolos del pasado. Mientras las autoridades confían en que el nuevo uso institucional del edificio aporte “un poco de serenidad” a los habitantes de Braunau, los críticos advierten que el problema de fondo —la persistencia de ideologías extremistas— no se resuelve con cambios arquitectónicos.
El caso austríaco ilustra las dificultades de conciliar la memoria histórica con las exigencias del presente, en un país que durante décadas evitó reconocer plenamente su responsabilidad en el Holocausto, donde 65.000 judíos austríacos murieron y 130.000 partieron al exilio. Los expertos calculan que unos seis millones de personas, en su inmensa mayoría judíos, perecieron bajo el régimen nazi.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Austria no demolió la casa natal de Hitler?
Los historiadores recomendaron no demolerla porque consideran que Austria debe encarar su pasado, no borrarlo. La demolición podría haber creado un vacío simbólico aprovechable por grupos extremistas.
¿Cuánto costó la transformación del edificio?
La obra costó 20 millones de euros (más de 22 millones de dólares), financiados por el Estado austríaco. La compra del inmueble, tras una expropiación validada por la Corte Suprema, ascendió a 810.000 euros.
¿Qué pasará con la lápida conmemorativa?
La lápida con la inscripción “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo” se mantendrá en la acera frente a la comisaría, como recordatorio permanente del pasado.
¿Es efectiva esta medida para frenar el neonazismo?
Las opiniones están divididas. Mientras el Gobierno confía en que el uso policial del edificio desincentive las peregrinaciones, organizaciones como el Comité Austríaco de Mauthausen expresan escepticismo, señalando que el problema ideológico va más allá de la infraestructura.