Reforma Quiroz: la batalla por restituir el orden liberal
El Senado aprobó en general la megarreforma del ministro Jorge Quiroz con 26 votos, la mayoría mínima del oficialismo. Más allá de la estrechez numérica, la votación reveló una oposición incapacitada para ofrecer alternativas viables, optando por la inacción frente a una transformación que busca corregir décadas de expansión desmedida del Estado. La reforma no es solo normativa; es una disputa por el modelo de desarrollo de Chile.
¿Por qué la mayoría oficialista es suficiente pese a su fragilidad?
El martes en la mañana, el ministro Jorge Quiroz partió a Valparaíso con la certeza de que su megarreforma sería aprobada en general por el Senado. Los 26 votos del oficialismo representan el mínimo constitucional para imponerse, y diversos analistas han señalado que se trata de una mayoría frágil. Sin embargo, Quiroz pudo constatar un dato revelador: salvo una excepción, ningún senador opositor estuvo dispuesto siquiera a votar en blanco para facilitar el avance del proyecto. Ante la disyuntiva entre negociar o bloquear, la oposición eligió el bloqueo absoluto.
Esta conducta no es novedosa. Durante el gobierno de Boric, la derecha enfrentó dinámicas similares de cerrazón. Pero la reiteración de prácticas parlamentarias obstructivas no constituye un antecedente válido para mejorar la legislación. De hecho, la propia clase política ha intuido la necesidad de elevar los requisitos para presentar acusaciones constitucionales, cuestión que cobró actualidad con el caso del exministro Grau.
¿Existe margen real para negociar con la oposición?
Las perspectivas de acuerdo son prácticamente nulas. El documento elaborado por 18 senadores opositores como base de negociación propone exactamente lo contrario de lo que busca el gobierno. No se trata de matices ni de diferencias graduales. Los objetivos del Ejecutivo y de la oposición son diametralmente opuestos.
El gobierno de Kast sustenta su programa en tres convicciones estructurales que resultan inaceptables para la izquierda.
Primera convicción: el Estado genera gasto, no riqueza
En la última década, mientras el PIB crecía a un promedio anual de 2,1%, el gasto del gobierno central se elevaba al 4,3%. Esta brecha no solo no ha retrocedido, sino que se ha profundizado por la fe de una generación que encontró en el Estado la solución a todos sus problemas, desde la beca hasta el empleo. El gobierno central encarna lo que Octavio Paz denominó el ogro filantrópico, con su derivación posterior hacia un Estado que favorece a los propios y hostiga a los disidentes. El gobierno de Kast no retrocederá en su propósito de trasladar la iniciativa económica al sector privado.
Segunda convicción: los impuestos son un lastre para el crecimiento
A la convicción de que la carga tributaria frena el desarrollo se ha sumado un diagnóstico reciente: Chile está perdiendo competitividad frente a naciones mineras como Perú y Argentina, esta última con medidas tributarias orientadas a estimular la inversión. En línea con el liberalismo clásico, el gobierno considera que el Servicio de Impuestos Internos no debe operar como punta de lanza de un Estado agresor. El objetivo no es que el SII recaude más, sino que favorezca las iniciativas domiciliadas en Chile.
Tercera convicción: la burocracia es un impuesto al crecimiento
Quiroz ha calificado, con ironía, la inocencia de la burocracia. El personal que engrosa el aparato estatal tiene como primera prioridad protegerse a sí mismo, magnificando sus funciones y multiplicando regulaciones que encarecen directamente la iniciativa privada. La permisología constituye, en la visión del ministro, un impuesto al crecimiento, y en los casos más graves, una extorsión. El Estado debe existir para crear y favorecer un clima de negocios. Lo que hace la burocracia chilena es exactamente lo contrario.
El trasfondo constitucional e histórico de la disputa
Esta confrontación se inscribe en la discusión centenaria sobre el modelo de desarrollo chileno, cuyo origen puede fijarse en la crisis financiera mundial de 1929. Desde entonces, el debate sobre el tamaño del Estado, la carga tributaria y la distribución del gasto ha trazado la línea divisoria entre izquierda y derecha. Los períodos de acuerdo, siempre inestables, correspondieron a momentos en que se estableció una distribución de poderes y beneficios entre el Estado y la sociedad, con participación protagónica de la producción privada.
Los esfuerzos más radicales por imponer el estatismo y eliminar el debate económico se produjeron dos veces desde la izquierda: con la Unidad Popular y con los gobiernos de Bachelet y Boric. La respuesta de 1973 y las transformaciones económicas posteriores parecieron asentar definitivamente una cultura de libre mercado en Chile. Ese orden institucional sufrió un retroceso considerable en el desorden político del período 2014-2024.
¿Cuál es el objetivo estratégico del gobierno de Kast?
Tras el desgaste producido por el proyecto progresista, fue elegido Kast. Quiroz busca corregir la desviación estatista, restituir la austeridad fiscal y recuperar una disciplina de responsabilidad económica. Por ello es el único ministro del gabinete que admite, sin eufemismos, que libra una batalla cultural. No se equivoca. Las resistencias son considerables, pero la corrección del rumbo es indispensable para la estabilidad macroeconómica del país y para restituir las condiciones que permitan al sector privado generar prosperidad.
¿Qué aprobó exactamente el Senado?
El Senado aprobó en general la megarreforma del ministro Jorge Quiroz con 26 votos, la mayoría mínima del oficialismo. La votación permite que el proyecto continúe su tramitación legislativa.
¿Por qué la oposición no logra negociar?
La oposición presenta un documento de negociación que propone exactamente lo contrario de lo que busca el gobierno. Las diferencias no son graduales sino estructurales: el gobierno defiende la austeridad fiscal, la reducción de impuestos y la desregulación, mientras la oposición sostiene posiciones estatistas.
¿Qué significa la batalla cultural de Quiroz?
Quiroz denomina batalla cultural al esfuerzo por corregir la desviación estatista acumulada en décadas recientes. El objetivo es restituir la austeridad del Estado, reducir la carga tributaria y eliminar la permisología que encarece la iniciativa privada.