Chile frente a la realidad climática: el llamado a la preparación ante eventos extremos
La zona central de Chile ha sido testigo de uno de los inviernos más intensos de los últimos años, con precipitaciones que en solo tres días superaron los 145 milímetros en sectores costeros del Maule. Calles de Talca y Valparaíso se transformaron en ríos, mientras los pasos bajo nivel colapsaban, evidenciando una infraestructura que, según expertos, no está preparada para la nueva realidad climática que enfrenta el país.
El agroclimatólogo Patricio González, académico del Centro de Investigación de Transferencia de Riesgo y Agroclimatología de la Universidad de Talca, advierte que estos eventos no son aislados, sino parte de un cambio estructural en los patrones climáticos que exige una respuesta urgente desde el Estado y el sector privado.
¿Está Chile preparado para eventos climáticos extremos?
González es categórico: “Pareciera que estamos al debe”. La infraestructura de la zona central, diseñada para un clima más benigno, no resiste la intensidad de los llamados “ríos atmosféricos” que, potenciados por el fenómeno El Niño y el cambio climático, descargan en pocas horas lo que antes caía en semanas. “En Valparaíso, el agua caía por las escaleras; en Talca, las calles prácticamente eran ríos”, describe el experto, subrayando que estos eventos se repetirán con mayor frecuencia.
El rol del cambio climático y El Niño en las lluvias torrenciales
El académico explica que el calentamiento global, producto de las emisiones de dióxido de carbono, ha elevado la temperatura de la atmósfera, obligándola a liberar esa energía en forma de fenómenos extremos. A esto se suma El Niño, que este año alcanzaría categoría extraordinaria, cargando de humedad los sistemas frontales. “Nuestra geografía, con la cordillera de la costa y los Andes muy próximos, hace que el río atmosférico suba violentamente, se enfríe y deje estas lluvias intensas”, detalla.
Variabilidad natural versus cambio climático: ¿cómo distinguirlos?
González aclara que la variabilidad climática natural, como glaciaciones o grandes sequías, ocurre en ciclos de miles de años. En cambio, el cambio climático actual se manifiesta en las últimas décadas, acelerado por la acción humana. “La megasequía en la zona central, entre Coquimbo y Puerto Montt, es una señal clara. La tendencia es que llueva cada vez menos, interrumpida cada tres o cuatro años por un evento El Niño que trae lluvias torrenciales”, advierte.
El riesgo de incendios forestales y daños agrícolas
El crecimiento exponencial de vegetación tras las lluvias, combinado con temperaturas que podrían alcanzar los 40 grados en verano, crea un escenario propicio para incendios forestales. “Siempre va a haber incendios en Chile, porque son provocados por el hombre. Con más pasto y olas de calor, el riesgo es alto”, señala González. Además, las lluvias tardías podrían dañar cultivos en floración, como cerezas o viñedos, afectando la agricultura de exportación.
Las tres claves para entender el clima en Chile
El agroclimatólogo resume la situación en tres puntos: primero, el clima mediterráneo ha evolucionado hacia extremos; segundo, las estaciones intermedias se acortan y el verano se alarga; tercero, las precipitaciones serán cada vez menores, interrumpidas por eventos El Niño. “Hay que cuidar el agua, hacer más embalses e invertir en tecnología de riego. Solo así podremos mantener nuestra agricultura de exportación, que genera empleo y recursos para el país”, concluye.
¿Qué medidas debe tomar Chile para adaptarse?
González insiste en la necesidad de políticas de inversión en infraestructura hídrica, como embalses y sistemas de riego tecnificado, para retener el agua de inviernos más cortos pero intensos. “La única manera es generar infraestructura para guardar agua para los largos veranos con olas de calor”, afirma, destacando que esto es clave para la estabilidad económica y la seguridad alimentaria.