El economista estadounidense William Nordhaus, Premio Nobel de Economía 2018, falleció el viernes 30 de octubre de 2026, y su obra deja una advertencia que Chile debió escuchar hace dos décadas: la productividad de los recursos naturales no es infinita. Como recuerda LA TERCERA en una reciente columna de análisis, el aporte académico de Nordhaus sobre recursos naturales y crecimiento económico describe con precisión el estancamiento productivo que hoy afecta a la minería del cobre nacional.
Nordhaus, nacido en Albuquerque en 1941, recibió el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 2018, junto a Paul Romer, por incorporar el cambio climático al análisis económico, según consigna Wikipedia. Pero su legado más pertinente para Chile es otro: fue pionero en reincorporar los recursos naturales en los modelos de crecimiento, demostrando que, a medida que se extraen, se requiere cada vez más capital físico y trabajo para mantener el mismo nivel de producción.
La ley de rendimientos decrecientes golpeó al cobre chileno
El caso chileno calza con esa predicción casi al pie de la letra. Entre fines de los años 80 y los 90, el país vivió un auge de inversiones en minería del cobre que elevó la producción anual desde 1,3 millones de toneladas en 1985 hasta 4,6 millones en el año 2000. A partir de ese punto entró a operar la ley de rendimientos decrecientes: el ritmo de crecimiento bajó y se detuvo hace una década.
Por un tiempo el fenómeno pasó inadvertido, porque el auge de precios del mineral entre 2005 y 2013 compensó con creces el estancamiento del sector. Las cuantiosas inversiones de esa bonanza se concentraron en ampliar la capacidad de procesamiento, para compensar la caída de las leyes del mineral, es decir, el contenido de cobre por tonelada de material extraído.
Las cifras son elocuentes. A fines de los 90, la ley promedio del mineral en Chile era cercana al 1,3%; hoy se ubica por debajo de la mitad de esa cifra. Tal como habría predicho Nordhaus, el PIB minero por unidad de capital invertido en el sector es hoy menos del 10% de lo que era hace 25 años. El PIB minero, mientras tanto, cayó de representar un 18% del PIB en 2000 a un 7% en 2025, pese a que Chile sigue siendo el país con las mayores reservas de cobre del mundo, con un 18% de ellas.
Un error de diagnóstico con consecuencias fiscales
El problema no fue geológico sino de diseño institucional. Las estimaciones del crecimiento del PIB tendencial que sustentaron la política fiscal chilena ignoraron este deterioro de la productividad minera, en parte porque los elevados precios del boom de materias primas lo escondieron. La productividad general siempre ha sido volátil, y el descenso natural del rendimiento minero pasó inadvertido durante años.
Así, las estimaciones de crecimiento tendencial de la economía chilena entre 2002 y 2015 fluctuaron entre 4,5% y 5%. En 2014 todavía se proyectaban tasas de 4,5% para el quinquenio siguiente. Sólo en la segunda mitad de la década pasada se reconoció el deterioro permanente, y en menos de una década la proyección de crecimiento tendencial cayó desde 4,9% a 2,6% anual.
Mientras el diagnóstico era erróneo, el Congreso legisló compromisos fiscales permanentes: la gratuidad de la educación universitaria y la extensión de la cobertura del GES se aprobaron bajo el supuesto de que serían financiadas con un crecimiento que finalmente no ocurrió. Es la consecuencia directa de sobreestimar la capacidad productiva de la economía y de confiar el gasto público a proyecciones que despreciaban la evidencia económica elemental.
La corrección llegó tarde pero llegó
El ajuste institucional ya se produjo. Desde 2023, para efectos de la definición del gasto fiscal ajustado por el ciclo, se considera sólo el PIB no minero, una corrección técnica que reconoce el carácter permanente del deterioro minero. Pero las leyes que comprometieron gastos permanentes siguen complicando la gestión fiscal del Estado.
La lección de Nordhaus trasciende el caso chileno. Como destaca Acento, el economista se distinguió por buscar respaldo empírico para sus formulaciones, a diferencia de teóricos puramente abstractos, e incluso proyectó el impacto de la automatización sobre la productividad, argumentando que la escasez de insumos materiales frena las promesas de la tecnología. En la misma línea, Counterfire recuerda que Nordhaus sostuvo que la producción de la mayoría de los bienes y servicios requiere abundantes insumos escasos: trabajo, energía y recursos naturales.
Para un país cuya principal riqueza es un recurso natural no renovable, la advertencia es directa. La estabilidad macroeconómica y la credibilidad fiscal no se construyen sobre consignas, sino sobre diagnósticos rigurosos y reglas que reconozcan los límites físicos de la economía. Una mayor atención a los escritos de Nordhaus habría permitido a Chile darse cuenta mucho antes de que el deterioro de la productividad minera tenía un componente permanente, y no una casualidad pasajera.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante William Nordhaus para Chile?
Nordhaus fue pionero en incorporar los recursos naturales en los modelos de crecimiento económico. Su análisis explica que, a medida que se extraen esos recursos, se requiere más capital y trabajo para mantener la producción, un fenómeno que describe con exactitud lo ocurrido con la minería del cobre chilena.
¿Cuánto cayó la productividad de la minería del cobre en Chile?
El PIB minero por unidad de capital invertido es hoy menos del 10% de lo que era hace 25 años. La ley promedio del mineral cayó desde cerca de 1,3% a fines de los 90 a menos de la mitad de esa cifra en la actualidad.
¿Cómo afectó este error a la política fiscal chilena?
Las proyecciones de crecimiento tendencial sobreestimadas, entre 4,5% y 5% hasta 2015, sustentaron leyes con compromisos permanentes de gasto, como la gratuidad universitaria y la extensión del GES, que hoy complican la gestión fiscal. Desde 2023 la regla fiscal considera sólo el PIB no minero.
