Milei en Chile: un balance que obliga a reforzar la defensa de la soberanía nacional
La visita del Presidente argentino, Javier Milei, a Chile el pasado jueves dejó en evidencia una estrategia de doble filo que exige del Estado chileno una respuesta firme y sin ambigüedades. Si bien el mandatario trasandino obtuvo un respaldo explícito del gobierno de Santiago a su reivindicación sobre las Malvinas, sus anuncios posteriores en materia de defensa y su política de presión económica sobre el archipiélago representan un desafío directo a los intereses nacionales, particularmente en la región de Magallanes y el canal Beagle.
¿Qué acuerdos se firmaron durante la visita de Milei a Chile?
La declaración conjunta emitida al término del encuentro reafirmó la vigencia de los tratados de 1881 y 1984, así como la promesa verbal de derogar los decretos argentinos 457 (2021) y 256 (2010). El primero, vinculado a una supuesta “coadministración” del Estrecho de Magallanes, y el segundo, que exige autorización argentina para la navegación hacia las Malvinas. Sin embargo, una declaración no tiene fuerza de decreto, y un decreto no equivale a un tratado. La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué habría que confirmar lo que ya está consagrado en el derecho internacional? ¿Acaso la vigencia de nuestros tratados depende de la voluntad de un gobierno extranjero?
Los anuncios de Milei: militarización y sanciones económicas
En la noche del mismo día, el mandatario argentino difundió un mensaje pregrabado con tres medidas de alto impacto estratégico. En primer lugar, la creación de un Consejo de Seguridad Nacional que reestructura la institucionalidad de defensa trasandina. En segundo término, sanciones contra las empresas que participen en proyectos de prospección y explotación petrolera en el área de las Malvinas, apuntando directamente a los socios del proyecto offshore Sea Lion, desarrollado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration. Finalmente, el anuncio de la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, junto a Ushuaia, sobre el canal Beagle, cuya mitad norte es de soberanía argentina.
Esta última medida altera de manera aguda el equilibrio estratégico de la región austral. La militarización de una zona hasta ahora libre de armamento pesado representa un golpe directo a la economía de Punta Arenas y proyecta una sombra de conflicto sobre el Paso Drake y el territorio antártico chileno. No es un gesto inocuo, y el gobierno de Chile debe exigir explicaciones concretas y garantías verificables.
La ruta comercial de Punta Arenas: un acierto que hay que defender
En paralelo, el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, anunció la apertura de una ruta comercial entre la capital magallánica y las Malvinas, operada por la naviera chilena Easter Island. Esta iniciativa reduciría a la mitad el tiempo de viaje respecto de la ruta actual desde Montevideo, que es la vía de abastecimiento utilizada por el gobierno de las islas. Frente a la estrategia argentina de asfixia económica sobre el archipiélago, esta conexión comercial representa una oportunidad para Chile de afirmar su presencia en el Atlántico Sur y diversificar sus vínculos económicos regionales. Es una decisión soberana que debe ser respaldada por el Estado central.
Lecciones de la historia: el error de cálculo de 1982
La historia reciente entrega lecciones que ningún estadista debería ignorar. Hace más de 44 años, el 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas lanzaron una operación militar sobre las Malvinas, extendiéndola luego a las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur. La respuesta británica, liderada por Margaret Thatcher, fue contundente: la rendición argentina llegó el 14 de junio, apenas diez semanas después del inicio de las hostilidades. Lo que se supo después fue que Estados Unidos apoyó al Reino Unido y que Chile prestó asistencia a los británicos. El plan original de la junta militar incluía, además, la invasión del Estrecho de Magallanes y el canal Beagle una vez consolidada la ocupación de las islas. Ese error de cálculo selló el destino del régimen militar argentino y abrió el período más largo de gobiernos civiles en su historia.
Hoy, Milei parece confiar en que el anuncio de Donald Trump de revisar el apoyo estadounidense al Reino Unido en la defensa de las Malvinas abre una ventana de oportunidad. Pero sería un error de cálculo similar al de 1982 creer que los lazos entre Washington y Londres son superfluos. La alianza angloamericana es un pilar del orden internacional, y las tensiones comerciales o estratégicas no la quebrarán fácilmente.
¿Qué debe hacer Chile ante esta escalada?
Chile tiene doble razón para exigir la derogación efectiva de los decretos argentinos. Primero, porque la vigencia de nuestros tratados no puede estar sujeta a la discrecionalidad de un gobierno extranjero. Segundo, porque la militarización del canal Beagle y sus alrededores representa una amenaza concreta a nuestra soberanía y a la estabilidad de la región austral. El gobierno debe actuar con firmeza, respaldado en el derecho internacional y en la defensa irrestricta de nuestros intereses territoriales.
La promesa de derogar los decretos, repetida desde marzo pasado, empieza a parecer una broma de mal gusto. Milei ha demorado dos septiembres y está en el tercero sin cumplir su palabra. Chile no puede conformarse con gestos simbólicos ni con declaraciones vacías. Exigimos hechos concretos, y estamos atentos a que la palabra empeñada se convierta en realidad antes de que termine el mes.
Preguntas frecuentes sobre la visita de Milei y la soberanía chilena
¿Qué implican los decretos argentinos 457 y 256 para Chile?
El decreto 457 (2021) plantea una supuesta “coadministración” del Estrecho de Magallanes, mientras que el 256 (2010) exige autorización argentina para navegar hacia las Malvinas. Ambos contradicen los tratados de 1881 y 1984, que Chile defiende como marco jurídico vigente.
¿Por qué es relevante la construcción de una base naval argentina en Tierra del Fuego?
La Base Naval Integrada en Ushuaia militariza el canal Beagle y altera el equilibrio estratégico de la región, afectando directamente la economía de Punta Arenas y proyectando riesgos sobre el Paso Drake y la Antártica.
¿Qué significa la ruta comercial entre Punta Arenas y las Malvinas?
Es una iniciativa de la naviera chilena Easter Island que conectará la ciudad austral con el archipiélago, reduciendo a la mitad el tiempo de viaje desde Montevideo. Refuerza la presencia chilena en el Atlántico Sur y diversifica sus vínculos económicos.
La visita de Milei ha dejado más preguntas que certezas. Lo que sí es seguro es que Chile debe mantenerse firme en la defensa de su soberanía, con la historia como guía y el derecho internacional como escudo.