La obsesión con la 'ultraderecha': un error de diagnóstico que aleja a la izquierda de la ciudadanía
El término 'ultraderecha' aparece veintidós veces en las conclusiones del primer congreso estratégico e ideológico del Frente Amplio, un documento de no más de 45 páginas. Esta reiteración revela no solo una fijación conceptual, sino también una profunda desconexión con la realidad política y social de Chile. Como lo demuestra la reciente entrevista a la exministra Camila Vallejo en el podcast Animales Políticos, la izquierda chilena ha convertido la supuesta amenaza de la ultraderecha en el centro de su discurso, evitando así examinar sus propias carencias programáticas y los aciertos de sus adversarios.
Un error que se repite desde 2018
La historia de esta etiqueta es anterior al auge del Partido Republicano y de la figura de José Antonio Kast. En enero de 2018, recién anunciado el gabinete del presidente electo Sebastián Piñera, la misma Camila Vallejo afirmó que se estaba asentando en Chile un gobierno de 'ultraderecha'. Hoy algunos reconocen que fue un error calificarlo de ese modo, pero las consecuencias prácticas ya se hicieron sentir: justificó una oposición desleal durante la crisis de 2019. Ahora, el blanco es el Presidente Kast, a quien se acusa de desplegar retrocesos democráticos bajo un estilo más contenido y engañoso.
Voces críticas desde la propia izquierda
Los problemas de esta aproximación se han vuelto cada vez más evidentes. La semana pasada, el exconvencional y periodista Patricio Fernández y el exministro Luis Cordero pusieron en duda la pertinencia de etiquetar al actual gobierno como ultraderecha. Ambos, claramente situados en la oposición, señalaron que no existe ninguna señal que permita afirmar que el Ejecutivo busca poner en riesgo la institucionalidad democrática. Su honestidad intelectual radica en reconocer que la calificación del adversario debe ser rigurosa y exigente en democracia, pues de ella depende el reconocimiento de su legitimidad.
El riesgo de una acción política ineficaz
Fernández y Cordero también advierten que una comprensión equivocada del adversario redunda en una acción política ineficaz. El discurso de la ultraderecha es cómodo y tranquilizador para la izquierda, pero la aleja aún más de la ciudadanía que eligió al Presidente Kast. Los motivos de esa adhesión no han sido comprendidos, y nada de eso aparece en las conclusiones del Frente Amplio. El desafío de las izquierdas no se reduce a revisar su trayectoria reciente ni a dibujar un nuevo proyecto; consiste en el difícil ejercicio de interpretar una sociedad de la cual estaban mucho más lejos de lo que pensaban.
¿Por qué ganaron los adversarios?
La izquierda perdió no por el 'apoyo de las élites tecnológicas' ni por una 'ofensiva discursiva exitosa' de sus oponentes, sino porque estos se tomaron en serio las prioridades de la ciudadanía. La obsesión con la ultraderecha une dos cosas: un juicio errado y un desprecio hacia los contrincantes y hacia la gente que ha decidido, supuestamente engañada, escogerlos. Como concluye Josefina Araos, investigadora del IES, es hora de que la izquierda abandone sus etiquetas y enfrente la realidad.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el término 'ultraderecha' en el debate político chileno?
El término se utiliza para calificar a gobiernos o movimientos que, según la izquierda, representan una amenaza a la institucionalidad democrática. Sin embargo, críticos dentro del mismo sector advierten que su uso excesivo puede ser un error de diagnóstico.
¿Por qué la izquierda chilena insiste en usar esta etiqueta?
Según el análisis, la izquierda recurre a este término para evitar examinar sus propias falencias programáticas y para justificar una oposición desleal, como ocurrió durante la crisis de 2019.
¿Qué consecuencias tiene este enfoque para la política chilena?
El uso del término 'ultraderecha' aleja a la izquierda de la ciudadanía que eligió al Presidente Kast, impidiendo una comprensión real de sus motivaciones y generando una acción política ineficaz.