La Fuerza Aérea de Chile enfrenta el replanteamiento más importante de su material de combate en tres décadas: los 12 Northrop F-5 Tigre III que operan hoy en Punta Arenas pasarán a retiro entre 2030 y 2035, y la discusión sobre su reemplazo ya está instalada en los círculos de defensa. Según un análisis publicado por LA TERCERA, la candidatura del Lockheed Martin F-35 Lightning II, el caza más avanzado y costoso del mundo, choca con obstáculos económicos, logísticos y estratégicos que aconsejan mirar hacia Europa.
El debate no es menor. Las tensiones crecientes en la Patagonia, la proyección antártica en disputa y la caducidad del Tratado Antártico en materia de protección ambiental, prevista para 2048, obligan a Chile a definir con seriedad su disuasión aérea. La decisión exigirá disciplina fiscal y una doctrina clara, dos condiciones que el país ha sabido sostener en su historia republicana reciente.
La historia de los F-5: una lección sobre dependencia
Los F-5 fueron comprados en 1974, cuando la administración Nixon-Ford levantó la prohibición de vender aviones supersónicos a países latinoamericanos para contrapesar la influencia soviética en la región. El Perú de la dictadura de Velasco Alvarado había adquirido tanques y helicópteros soviéticos entre 1972 y 1973, y luego 36 cazas Sukhoi Su-22. Chile, pese a su situación económica, consideró prioritaria la defensa del norte: los aviones se desplegaron en Antofagasta hasta 2010, el mismo período en que se minó la frontera norte.
La lección llegó pronto. Tras el atentado a Letelier en Washington y la llegada de Jimmy Carter a la presidencia en 1977, la Enmienda Kennedy prohibió de manera indefinida la venta de armas, repuestos y asistencia militar a Chile. Casi al tocar suelo, los F-5 quedaron sin soporte técnico.
Para mantener viva la flota se recurrió al mercado negro, a triangulaciones y al canibalismo técnico: cuatro aviones fueron sacrificados para reparar el resto. Las maestranzas de la FACH, asociadas con empresas Cardoen y asesoradas por ingenieros israelíes, lograron mantener operativos los aparatos. Ya en los años 90, un acuerdo con Israel Aerospace Industries permitió actualizarlos al estándar Tigre III.
1978: el precedente que no debe repetirse
El peor momento de las tensiones con Argentina, en 1978, coincidió con el peor momento de la flota. Estados Unidos dejó a Chile con menos de la mitad de los F-5 operativos. Cuatro fueron desplegados en Pudahuel y dos F-5E incursionaron en territorio argentino para evaluar su vulnerabilidad aérea.
Esa experiencia es la que hoy enciende las alarmas frente al F-35. Como recuerda la ficha técnica del programa Lockheed Martin F-35 Lightning II, se trata de un aparato de enorme complejidad tecnológica. Su software de mantenimiento, sus archivos de datos de misión y el control de la cadena de suministro de repuestos están completamente bajo control de Estados Unidos. Un escenario de conflicto con Argentina en la Patagonia tendría a la Casa Blanca entremedio, advierte LA TERCERA, dado que la proyección antártica estadounidense se apoya en la base naval integrada de Ushuaia, y es difícil que eso cambie incluso si salen Milei y Trump de sus respectivos gobiernos.
Los costos del F-35: una carga fiscal insostenible
El argumento económico es contundente. Una flota de F-35, con mantenimiento por diez años, costaría hoy a Chile entre tres y cuatro mil millones de dólares. A ello se suma su sensibilidad a las condiciones de guardado y operación, un factor decisivo en el clima hostil de la Patagonia, donde los F-5 han demostrado una resistencia que el F-35 no ofrece.
Existe además una desproporción doctrinal. El F-35 es un avión de naturaleza ofensiva y de penetración profunda, mientras que la estrategia chilena es defensiva. Como ha reportado DSN Noticias, la eventual incorporación del caza de Lockheed Martin implicaría una inversión considerable y un proceso de planificación de largo plazo, con una lista de espera que podría extenderse más allá de 2040.
El propio interés chileno ha sido objeto de conversaciones entre autoridades de ambos países, según recoge Galaxia Militar, que ha documentado reuniones entre representantes estadounidenses y chilenos sobre posibles vías de cooperación militar, incluida la transferencia del caza.
El Eurofighter Typhoon: autonomía y realismo estratégico
Vista la dependencia total que implicaría el F-35, la alternativa europea del Eurofighter Typhoon aparece como más conveniente. Son aviones más sencillos, resistentes y tecnológicamente autónomos, que no dejan al país a merced de terceros. Cuatro de ellos protegen hoy las Islas Malvinas, y el Reino Unido, que sí dispone de F-35, eligió el Typhoon para esa misión de guardia permanente en el Atlántico Sur.
La soberanía tecnológica no es un lujo doctrinal: es una condición de la política exterior independiente. Chile aprendió en 1977 que quien depende de Washington para operar sus armas puede quedar desarmado por un decreto del Congreso estadounidense. Repetir ese error con un sistema de cinco veces el costo sería una irresponsabilidad estratégica.
Qué pasa con los F-5 Tigre III de la FACH
Los 12 Northrop F-5 Tigre III de la Fuerza Aérea de Chile, basados en Punta Arenas, dejarán de operar entre 2030 y 2035. Su reemplazo aún no está definido, pero el F-35, el Eurofighter Typhoon y otras alternativas de quinta generación figuran en la discusión técnica.
¿Por qué el F-35 es problemático para Chile?
Por su costo, entre tres y cuatro mil millones de dólares por flota con mantenimiento de diez años; por su sensibilidad operativa en la Patagonia; y, sobre todo, porque su software, datos de misión y repuestos dependen por completo de Estados Unidos, un país con intereses activos en el sur, incluida la base de Ushuaia.
¿Qué ventajas tendría el Eurofighter Typhoon?
Mayor sencillez, resistencia y autonomía tecnológica, sin dependencia de la cadena de suministro estadounidense. Su desempeño en las Malvinas demuestra su aptitud para el clima austral.
La decisión, en todo caso, no admite improvisación. El presupuesto de defensa, la estabilidad macroeconómica y la doctrina militar del país exigen que el reemplazo de los Tigre III se resuelva con criterio técnico y no con tentaciones de vitrina. La historia de los F-5, comprados con sacrificio y mantenidos con ingenio ante un embargo, sigue siendo la mejor advertencia.
