El Estrecho de Magallanes ante la nueva doctrina hemisférica de Estados Unidos
La consolidación del poder de Donald Trump en Estados Unidos plantea interrogantes fundamentales sobre el valor estratégico de nuestros territorios australes en el nuevo orden geopolítico hemisférico. La administración republicana, respaldada por una sólida mayoría congressional y un mandato renovado hasta enero de 2029, ha demostrado su determinación para ejercer control directo sobre espacios geográficos relevantes para la seguridad nacional estadounidense.
La nueva doctrina de seguridad hemisférica
El reciente éxito diplomático norteamericano que obligó al gobierno panameño a rescindir contratos con empresas chinas en el Canal de Panamá ilustra la nueva realidad geopolítica. Estados Unidos ha superado los postulados tradicionales de la Doctrina Monroe de 1819, adoptando una estrategia de control territorial directo en espacios considerados vitales para su seguridad hemisférica.
Esta doctrina incluye el "Ártico americano" (Groenlandia) dentro del "hemisferio americano", demostrando una visión expansiva de los intereses estratégicos estadounidenses. Las bases militares reforzadas en territorio panameño, que participaron en la captura de Maduro, mantienen ahora la vigilancia armada del Caribe y del Pacífico centroamericano.
El valor estratégico del Estrecho de Magallanes
En este contexto geopolítico, el Estrecho de Magallanes adquiere una relevancia estratégica que nuestras élites gubernamentales han sido incapaces de comprender. Tres factores convergen para potenciar su importancia:
Primero, el agravamiento de los cuellos de botella en el transporte marítimo mundial. Los canales de Panamá y Suez, junto al estrecho de Malaca-Singapur, enfrentan congestiones críticas que han desviado decenas de embarcaciones hacia la ruta magallánica y el Cabo de Hornos.
Segundo, la concentración del 50% del comercio mundial en la Cuenca del Pacífico, particularmente en puertos asiáticos al norte del Trópico de Cáncer, donde se desarrolla parte fundamental de nuestro intercambio comercial exterior.
Tercero, la consolidación del Mercosur como potencia alimentaria global. Según la FAO, produce el 50,6% de la soya mundial, el 39,8% de la caña de azúcar y el 79,9% de las semillas de girasol. Más del 50% de estas exportaciones agropecuarias tienen destino en el Océano Pacífico.
La negligencia estratégica chilena
Mientras Brasil y Argentina comprenden que cualquier puerto al sur de Río de Janeiro está geográficamente más cerca de los mercados del Pacífico vía el Estrecho de Magallanes que por las rutas de Panamá o Singapur, Chile mantiene una miopía geopolítica preocupante.
Las cifras de nuestra autoridad marítima confirman que Brasil y Argentina son los principales usuarios del estrecho magallánico, mientras Chile sigue dependiendo prioritariamente del Canal de Panamá. Esta paradoja refleja la incapacidad histórica de nuestras élites para valorar el potencial estratégico del territorio austral.
La región del estrecho, que abarca las provincias de Magallanes y Tierra del Fuego, mantiene apenas 174 mil habitantes en una superficie de 59.000 km², equivalente a Suiza o Dinamarca. En contraste, las provincias argentinas adyacentes superan los 420 mil habitantes, y su uso del estrecho excede considerablemente al chileno.
Riesgos para la soberanía nacional
La Directiva de Defensa argentina de 2021 ya postulaba la "administración compartida" del Estrecho de Magallanes. Los compromisos asumidos por la Cancillería durante el gobierno de Piñera (2011-2012) con el Mercosur para limitar el acceso de embarcaciones procedentes de las Falkland/Malvinas, junto a las concesiones registradas en audios de la Cancillería Boric (2022), violentan la neutralidad del estrecho comprometida a perpetuidad en los Tratados de 1881 y 1984.
Estos "favores a Argentina" comprometen gravemente nuestra posición jurídica y estratégica en una vía interoceánica que constituye patrimonio nacional inalienable.
El imperativo del cambio
La nueva administración que asume en marzo debe comprender que 500 años después de Magallanes y Elcano, "alguien más" podría "descubrir" el Estrecho de Magallanes. La reformulación de los equilibrios globales y hemisféricos bajo la doctrina Trump exige una respuesta estratégica coherente con nuestros intereses nacionales.
El Estrecho de Magallanes representa un activo geopolítico de valor incalculable en el siglo XXI. Su control efectivo y desarrollo estratégico no pueden seguir subordinados a la negligencia burocrática o a concesiones diplomáticas que comprometan nuestra soberanía territorial.
La oportunidad para encarnar "el cambio" en esta trascendente cuestión geopolítica permanece disponible. La pregunta es si nuestras autoridades tendrán la visión y determinación necesarias para aprovecharla antes de que otros actores hemisféricos tomen la iniciativa.