El Estrecho de Magallanes ante la nueva doctrina hemisférica de Estados Unidos
La reconfiguración del orden geopolítico mundial bajo la administración Trump plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro estratégico de Chile y, particularmente, sobre la importancia del Estrecho de Magallanes en el contexto hemisférico.
La nueva doctrina hemisférica norteamericana
Estados Unidos ha consolidado una doctrina de seguridad que trasciende los postulados tradicionales de Monroe, estableciendo el control directo de espacios geográficos relevantes para su seguridad nacional. Esta política se ha materializado en Panamá, donde se logró la cancelación de contratos con empresas chinas y se garantizó prioridad de tránsito para embarcaciones estadounidenses.
La presencia militar norteamericana se ha reforzado significativamente en el Caribe y Centroamérica, consolidando su área natural de influencia frente a potencias extra-hemisféricas, especialmente China, que mantiene una sólida presencia económica en Iberoamérica.
Factores estratégicos convergentes
Tres elementos fundamentales configuran la nueva importancia del Estrecho de Magallanes:
Primero, el agravamiento de los cuellos de botella en el transporte marítimo mundial, particularmente en los canales de Panamá y Suez, y en el estrecho de Malaca-Singapur, que maneja más de 100 mil embarcaciones anuales. Esta situación ha derivado tráfico hacia el Estrecho de Magallanes y la ruta del Cabo de Hornos.
Segundo, la concentración del 50% del comercio mundial en la Cuenca del Pacífico, especialmente en puertos al norte del Trópico de Cáncer, sector donde se concentra parte fundamental del comercio exterior chileno.
Tercero, la consolidación del Mercosur como potencia alimentaria global, produciendo según la FAO el 50,6% de la soya mundial, el 39,8% de la caña de azúcar y el 79,9% de las semillas de girasol, con más del 50% de sus exportaciones agropecuarias dirigidas al Océano Pacífico.
La ventaja geográfica desaprovechada
Brasil y Argentina han comprendido que cualquier puerto al sur de Río de Janeiro se encuentra más cerca de los mercados del Pacífico vía el Estrecho de Magallanes que siguiendo las rutas de Panamá o Singapur. Esta realidad geográfica representa miles de millas náuticas menos, sustantivos ahorros de combustible y enormes reducciones de costos operativos.
Las cifras de la autoridad marítima nacional confirman que Brasil y Argentina son los principales usuarios del Estrecho de Magallanes, mientras Chile mantiene su dependencia del canal de Panamá, evidenciando una miopía estratégica de nuestras élites que históricamente han mirado hacia el norte.
Desafíos a la soberanía nacional
La región de Magallanes, con 174 mil habitantes en 59 mil kilómetros cuadrados, contrasta dramáticamente con las provincias argentinas adyacentes que superan los 420 mil habitantes y registran un uso del estrecho superior al chileno.
Esta realidad demográfica y económica fundamentó la Directiva de Defensa argentina de 2021 que postulaba la "administración compartida" del Estrecho de Magallanes, planteamiento que adquiere particular gravedad considerando los compromisos asumidos por la Cancillería durante el gobierno de Piñera con el Mercosur para limitar el acceso de embarcaciones procedentes de las Falkland/Malvinas.
Más preocupante resultan las concesiones registradas en el audio de la Cancillería durante el gobierno de Boric que, en los hechos y en el derecho, vulneran la neutralidad del estrecho comprometida a perpetuidad en los Tratados de 1881 y 1984.
Imperativo de política de Estado
La convergencia de la nueva doctrina hemisférica estadounidense, la reconfiguración del comercio mundial y las presiones del Mercosur configuran un escenario donde Chile debe definir una política de Estado coherente para el Estrecho de Magallanes.
El gobierno que asume en marzo enfrenta la oportunidad histórica de corregir décadas de negligencia estratégica y posicionar a Chile como actor relevante en los nuevos equilibrios geopolíticos hemisféricos. La alternativa es contemplar cómo otros actores "descubren" el Estrecho de Magallanes 500 años después de su hallazgo original.
La defensa de la soberanía nacional y la capitalización de nuestras ventajas geográficas constituyen imperativos que no admiten dilación. El momento para encarnar el cambio en esta trascendente cuestión geopolítica sigue disponible.