House of the Dragon 3: El espectáculo de fuego y sangre que prepara el desenlace final
La tercera temporada de House of the Dragon ha respondido a las críticas de su predecesora con una apuesta firme por el espectáculo a gran escala. La serie de HBO, que ya prepara su cuarta y última entrega, abrió y cerró sus episodios con secuencias de batalla que satisfacen el apetito de los seguidores por el fuego y la sangre, consolidando una magnitud casi sin precedentes en la industria televisiva actual.
Este ambicioso despliegue descansa sobre el oficio de artesanos como Jim Clay, diseñador de producción británico que ha sido testigo privilegiado y pieza clave de la monumental empresa desde el primer ciclo. Con experiencia en cintas como Match Point (2005), Niños del hombre (2006) y Belfast (2021), Clay explica desde Londres, donde ya trabaja en la temporada final, que su labor consiste en crear un mundo y un clima psicológico para la narrativa.
El desafío de Tumbleton y la construcción de un mundo
El capítulo final de la tercera entrega enfrentó a Clay con uno de sus mayores retos: la batalla en Tumbleton. Allí, el ejército de Daemon (Matt Smith) ataca a las fuerzas de Ormund Hightower (James Norton) y su sobrino, el rey Daeron (Benjamin Evan Ainsworth). La producción decidió no revelar las verdaderas dimensiones del pueblo hasta este episodio.
“Con Ryan (Condal) resolvimos que probablemente debería tener una población de alrededor de 2 mil personas, lo que era una ciudad bastante grande para la época medieval”, señala Clay. Aunque no se pudo construir a esa escala, se levantó un set considerable que se extendió digitalmente para tomas aéreas y la perspectiva de los dragones.
El diseñador destaca la colaboración con efectos especiales, visuales y dobles de riesgo, lo que permitió mayor libertad para crear ese mundo y facilitar la acción deseada por el director.
Harrenhal: el castillo embrujado como espacio favorito
Jim Clay confiesa que Harrenhal es uno de sus espacios favoritos. El viejo y aparentemente embrujado castillo, que sirvió como prisión momentánea de Daemon en la segunda temporada y de Aemond en la tercera, acogió en el último capítulo el esperado reencuentro entre Aemond y Aegon, a quien creía muerto.
“Imaginamos que fue construido originalmente por una mente perturbada. El hecho de que tiene fantasmas y que está embrujado es un cliché, pero es uno de los entornos más inquietantes en los que uno podría encontrarse”, afirma. Clay revela que se inspiró en Cuatro cuartetos de T. S. Eliot para capturar la atmósfera del castillo, con su volumen de espacios, sombras infinitas y la incertidumbre de lo que hay a la vuelta de la esquina.
Identidad propia frente al legado de Game of Thrones
El desenlace del tercer ciclo dejó momentos que evocan directamente a Game of Thrones: el suicidio de Helaena y el de Tommen Baratheon, la reacción de Daemon en Tumbleton y la de Jon Snow ante la destrucción de Desembarco del Rey, o el discurso de Rhaenyra ante sus súbditos y el de Daenerys ante su ejército.
Pese a estos paralelismos, Clay es tajante: desde el inicio se han empeñado en crear un proyecto con identidad propia. “Queríamos respetar y honrar el legado de una serie muy exitosa, pero también construir nuestro propio mundo y nuestra propia audiencia. Hemos intentado ser nuestro propio mundo y crear nuestra propia forma de contar la historia”, advierte.
La cuarta temporada: el desenlace final
Con la emisión de la tercera entrega concluida, todos los focos se posan en la cuarta y última temporada, donde continuará y se resolverá el sangriento conflicto entre las dos facciones. Clay adelanta que el trabajo comenzó hace seis semanas, pero por ahora son muy pocos.
“Estoy buscando locaciones en el extranjero y en algunas zonas del Reino Unido. Tenemos algunos borradores de guión, así que vamos avanzando poco a poco”, asegura. El equipo se dedica a evaluar qué necesitan recrear de temporadas anteriores y qué nuevos sets crear para la temporada final y el episodio final.
Consultado sobre su simpatía por los Negros o los Verdes, Clay responde: “Qué pregunta más difícil. Tengo que ser imparcial entre ambos bandos”.