El realineamiento político que confirma el agotamiento del progresismo
La adhesión del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle a la candidatura de José Antonio Kast constituye un fenómeno político de mayor trascendencia que una simple declaración electoral. Representa la culminación de un proceso de descomposición institucional que la propia izquierda gestó desde el estallido social de octubre de 2019.
Este respaldo, junto al de destacadas figuras como los exministros Carlos Maldonado y Marcela Rincón, evidencia una fractura irreversible en la antigua coalición concertacionista, consecuencia directa de la estrategia autodestructiva adoptada por el progresismo contemporáneo.
La demolición programada de la herencia concertacionista
El académico Daniel Mansuy advirtió hace una década sobre este fenómeno: fue la propia izquierda la que dinamitó la legitimidad de sus gobiernos, adoptando un discurso que negaba los logros del período 1990-2010. La narrativa progresista transformó el crecimiento económico en "desigualdad estructural", los acuerdos políticos en "pactos vergonzosos" y las reformas graduales en "insuficiencias morales".
La Convención Constitucional representó la institucionalización de esta lógica refundacional. Allí se canonizó la tesis de que todo el orden anterior debía ser superado por decreto moral, excluyendo incluso a figuras emblemáticas como Ricardo Lagos del proceso constituyente.
El error estratégico del oficialismo
La reacción del oficialismo ante el respaldo de Frei confirma los vicios que generaron esta migración política. La suspensión decretada por la Democracia Cristiana reactualiza el complejo de superioridad moral que caracteriza al progresismo: el disidente es siempre traidor, nunca interlocutor válido.
Esta respuesta constituye un error táctico que beneficia directamente a Kast, quien comprende que el valor político de estos respaldos no radica en los nombres, sino en las emociones que despiertan en la izquierda. Cada reacción airada refuerza el relato de una izquierda intolerante que confunde la política con el catecismo.
El refugio en el orden institucional
Los resultados de la primera vuelta confirman el desfondamiento del voto moderado que sostuvo al progresismo. En este contexto, figuras como Frei encuentran refugio natural en la única coalición que no los interpela desde la descalificación moral.
Este fenómeno trasciende las personalidades involucradas. Representa el reconocimiento tácito de que el orden institucional y la estabilidad económica constituyen valores superiores a los experimentos refundacionales que han caracterizado al oficialismo.
Las lecciones del realineamiento
La migración de sectores concertacionistas hacia posiciones de centro-derecha confirma principios fundamentales de la ciencia política: las coaliciones que desprecian su propia historia terminan expulsando a sus fundadores. El progresismo chileno aplicó esta lógica destructiva de manera sistemática hasta formalizar un divorcio largamente anunciado.
Para la derecha institucional, estos respaldos representan una oportunidad histórica de consolidar una mayoría estable basada en la defensa del orden constitucional y la economía de mercado. Para la izquierda, constituyen la confirmación de que el sectarismo ideológico tiene costos electorales concretos.
El fenómeno Frei no es una traición: es la consecuencia lógica de una estrategia política que privilegió la pureza doctrinaria por sobre la construcción de mayorías democráticas. En política, como enseña la experiencia histórica, las ofensas tienen consecuencias. La izquierda chilena está comenzando a pagar las suyas.