El giro demográfico de Chile: un desafío que requiere políticas de Estado responsables
Las recientes proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas revelan una transformación demográfica que demanda respuestas institucionales inmediatas y estructurales. Chile alcanzará su máximo poblacional hacia 2035 con 20,6 millones de habitantes, iniciando posteriormente un descenso sostenido que reducirá la población en 15,8% hacia 2070.
Realidad demográfica y desafíos estructurales
Esta transformación, caracterizada por la persistente caída de la fecundidad y el acelerado envejecimiento poblacional, proyecta una esperanza de vida de 88,4 años para 2070. Sin embargo, la longevidad no garantiza calidad de vida, particularmente cuando los sistemas previsionales actuales presentan tasas de reemplazo insuficientes para asegurar una vejez digna.
La evidencia internacional demuestra que el aumento de años vividos no necesariamente corresponde con años vividos en condiciones saludables. La expansión de enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento presiona estructuralmente los sistemas de salud y apoyo social, generando una carga fiscal que requiere planificación estratégica responsable.
Imperativo de políticas basadas en evidencia nacional
La malnutrición por exceso, especialmente la obesidad, constituye un determinante crítico que acelera trayectorias de deterioro funcional. Esta realidad exige fortalecer capacidades de investigación nacional para caracterizar procesos de envejecimiento específicos de la población chilena, superando la dependencia de estudios extranjeros.
Resulta preocupante la ausencia del envejecimiento como prioridad en los recientes concursos de centros de interés nacional. Esta omisión refleja una desconexión entre el discurso público y las decisiones de asignación presupuestaria, evidenciando la necesidad de una reflexión profunda en los espacios decisorios.
Hacia una estrategia nacional integral
El país requiere políticas que integren biología fundamental del envejecimiento con enfoques clínicos, epidemiológicos y económicos. La postergación de la edad de jubilación, sin estrategias activas de empleabilidad y reconversión laboral para mayores de 50 años, puede resultar contraproducente sin el marco institucional adecuado.
La construcción de una sociedad próspera a lo largo del curso de vida demanda conocimiento científico nacional, datos propios y políticas públicas efectivas. El tiempo para actuar con responsabilidad institucional se agota, y Chile debe asumir este desafío con la seriedad que merece una transformación de esta magnitud.