Chile frente al nuevo desorden geopolítico mundial
La segunda administración Trump ha reconfigurado el sistema internacional mediante un unilateralismo que relativiza el Derecho Internacional. Esta realidad exige una reformulación estratégica de la política exterior chilena para los próximos años.
El reordenamiento hemisférico en marcha
Las recientes declaraciones del presidente Trump sobre la necesidad estratégica de Groenlandia han expuesto la fragilidad del orden internacional vigente. La respuesta de la primera ministra italiana Georgia Meloni, cuestionando si Europa debería "quedarse" con las bases estadounidenses en su territorio, ilustra la magnitud del desafío institucional.
Chile, tradicionalmente ubicado en los rankings de "países más seguros" por su posición geográfica alejada de los principales teatros de operaciones, enfrenta una nueva realidad geopolítica. El hemisferio occidental se ha convertido en parte activa del conflicto estratégico global.
La militarización del Cono Sur
La autorización argentina para la construcción de una instalación militar estadounidense en Ushuaia, a 15 kilómetros del límite con Chile, representa un punto de inflexión. Esta base, oficialmente destinada a operaciones antárticas, constituye un punto de observación estratégica del sector austral.
Los tres pasos marítimos naturales controlados por Chile - el Estrecho de Magallanes, el Canal Beagle y el Paso del Cabo de Hornos - adquieren nueva relevancia en este contexto de rivalidad entre potencias.
La preexistente base china en Neuquén, establecida durante el período kirchnerista a 150 kilómetros de la frontera chilena, configura un "empate técnico" en el control del espacio del Cono Sur.
La presión china en el Pacífico
El proyecto chino en Chancay ha generado legítimas preocupaciones estadounidenses por sus "potenciales usos alternativos". Washington ha respondido suscribiendo un acuerdo con Perú para la ampliación de la Base Naval del Callao, incorporando a este país a la lista de naciones donde convergen intereses estratégicos opuestos.
Resulta particularmente preocupante la presencia en aguas nacionales de un "buque científico chino", previamente identificado como parte de la flota estratégica de Beijing, que realizará "trabajos en la fosa de Atacama" en sociedad con una universidad chilena.
La flota pesquera como instrumento estratégico
China mantiene una flota de más de 100 naves en el Pacífico Sudeste y Atlántico Suroccidental que, utilizando el Estrecho de Magallanes, se desplaza regularmente desde las aguas ecuatorianas, peruanas y chilenas hacia "aguas internacionales" frente a Argentina.
Se sospecha que esta flota pesquera encubre "buques espía", siguiendo el patrón de disfrazar intereses estratégicos bajo el manto de "cooperación científica".
Los errores de la neutralidad relativizada
Chile ha incurrido en errores estratégicos como la relativización de la neutralidad del Estrecho de Magallanes y el "llamado a la autodeterminación" de Rapa Nui durante el actual gobierno. Estos precedentes evidencian la falta de análisis multisistémico y prospectivo para contextualizar cuestiones aparentemente puntuales pero vinculadas a problemas globales.
La guerra cultural de Trump
Para los ideólogos de la administración Trump, la izquierda liberal iberoamericana se ha aliado con la izquierda revolucionaria y grupos antisistema, constituyendo "un solo adversario" en su "guerra cultural" contra el "pensamiento woke".
Esta interpretación considera que la izquierda iberoamericana es "solidariamente responsable" de la captura de la agenda de Naciones Unidas, transformando el multilateralismo en una herramienta de sobrerregulación del sistema internacional.
Imperativo de una política exterior analítica
El unilateralismo trumpiano constituye una "reacción alérgica" a una forma de hacer relaciones internacionales que no evitó catástrofes humanitarias ni resolvió problemas endémicos como el conflicto árabe-israelí.
Chile debe abandonar la ilusión de que una "política exterior técnica", restringida a aspectos económicos y comerciales, resguardará el interés nacional. Tal enfoque equivaldría a un "intento fútil de vivir en la nube".
Para mantener nuestra posición en los rankings de países seguros se requiere una política exterior analítica y reflexiva que evite improvisaciones costosas y calcule riesgos y beneficios, habilitando al nivel superior de toma de decisiones para mantenernos a resguardo de las graves crisis que nos aguardan.